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Era difícil ser yo en esa isla

Era difícil ser yo en esa isla

ojos extraños y conocidos

dejando huellas justo detrás de las mías.

Quería ser libre como ella, 

poder sentir su viento, su calor, su mar

en mi piel sin miedo. 

Pero el miedo me persigue.

Quería tocarla con mis uñas pintadas,

Quería besarla con mis labios rojos.

Dejarla enmarcada para que sepan que era mía,

Y que ella dejara su perfume en mi pelo,

Para que nadie se confundiera que yo era suya también. 

Pero el miedo me persigue.

No pude ser yo en esa isla,

Tuve que dejarla para encontrarme.

Pero cada vez vuelvo con un calor indescriptible,

porque siento que deje algo en ella 

que nunca encontraré en otra. 

Y aun así, el miedo me persigue.

Vuelvo y caigo, nunca recordando el dolor de la vez pasada.

Me encanta sentir el escalofrío de su mirada,  

ser su único enfoque.

Soy adicta al calor que ella me deja,

la libertad cuando nos tomamos de mano en la calle,

y el miedo cuando nos besamos, 

asustada que algo mal existe en nosotras,

tal y como mis padres me habían dicho.

Era difícil ser yo en aquella isla,

Tuve que dejarla para encontrarme.

Tuve que crecer y aprender a amarme.

No era fácil, y a veces no lo es, 

a veces esos ojos todavía me persiguen

pero la culpa no la tiene ella ni yo. 

Amar es miedo y valentía, 

es aceptarte tú primero sin el permiso de otros. 

No encuentro las palabras para describir 

lo que se siente amar a una mujer.

Excepto que al fin lo puedo hacer 

sin el miedo que tanto me perseguía,

Y cuando vuelva a mi isla, 

al fin seré yo.